“EL PATIO” DE NUESTRA MEMORIA. EL REGRESO DE PABLO LÓPEZ. 

No lo esconderé nunca. Desde hace mucho tiempo he pensado, he creído y he disfrutado del talento magestuoso de Pablo López. Es de esos poco artistas que equilibran el talento de la humildad y la magia de arañarte la vida en las primeras lágrimas de un piano.

Pablo López nos invita a visitar, a soñar, a llorar y a buscar en silencio nuestros recuerdos en “su patio”, ese patio de la espera, de la voz desgarrada, de la impaciencia. 

Pablo amigo, has puesto de nuevo un espejo en forma de canción, notas musicales que dibujan sonrisas nostálgicas y una melodia que llega directa a lo más básico de nuestra existencia, las emociones.

Es un grito de rabia, es una melodia de rebeldía contra lo que nos hace daño, contra lo que nos asfixia, lo que nos vacía y nos distancia. Es un mirar de frente a ese castigo que nos destroza y no nos comprende.

Pablo, la vida es un camino forjado a fuego en busca de la libertad. La vida es un traje a medida para soñadores como tú. La vida es una partitura vacía, un contrato en blanco para los soñadores, para los y las luchadoras que resisten a la soledad impuesta.

Vuelves para quedarte, vuelves para ser ese sonido del silencio que todos buscamos, vuelves para recordarnos que los fantasmas existen hasta que nos despedimos de ellos. Vuelves para consolar a un piano que sonríe triste y que sólo unas manos como las tuyas puede consolar, pagando el precio de vaciarte el alma. 

Hoy más que nunca quiero dejar soñar a mi alma contigo en “ese patio”, quiero jugar y olvidar, quiero no mirar atrás y elegir que batallas debo mirar a los ojos. Y “ella”, la música, la de los grandes ojos marrones, te tomará de la mano para jugar para siempre e intentar mil veces que nunca sea suficiente y quizás el hoy se convierta en mañana. 

Que este “patio” nos permita poner nuestras propias reglas, que el columpio lo balanceemos nosotros y nadie jamás nos obligue a dejar de jugar, por que vivir es eso,  ser niños con los pies descalzos que siguen jugando y que cuando se caen aprenden a levantarse… solos. 

Que el ruido insoportable al abrir con miedo la puerta del salón se acabe y que las sirenas que suenan ya no sean las taquicardias de nuestro corazón. Que la incomprensión se enmudezca para siempre y se convierta en un fantasma que habremos de olvidar. 

Bienvenidos al #ElPatio de Pablo López. Bienvenidos al #caminofuegoylibertad de la música en la sangre y la generosidad en las venas. Abrazo amigo.