SALVANDO JÁNOVAS

Mientras escribo este nuevo artículo pongo de fondo la BSO de “Cinema Paradiso”. No puede sonar otra música, pienso.  Os preguntaréis el motivo, bien, si seguís leyendo lo entenderéis.

Este domingo 1 de noviembre se estrena un nuevo “Salvados” esta vez dedicado a un pueblo cuyo nombre ya no olvidaré. Jánovas. En este reportaje Évole y su equipo nos descubren su historia y nos presentan la gente que está luchando por levantar de nuevo unos muros que fueron derribados hace demasiados años.

El pasado lunes, un grupo de periodistas tuvimos la suerte de ver en primicia el reportaje en la sala de fiestas de este maravilloso pueblo. Llegamos todos cargados con nuestras cámaras, trípodes, libretas, bolígrafos, grabadoras… con ganas de escuchar lo que sus protagonistas iban a contarnos.

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Todos sentados. Luces apagadas y el silencio se sienta a nuestro lado. El reportaje empieza así, con un silencio especial. Un silencio que rompe uno de los protagonistas, Toni Garcés, para empezar a contarnos la historia de su pueblo. Del pueblo que le vio nacer, crecer y marchar. Su voz se rompe en más de una ocasión y con él nuestra visión se vuelve borrosa.

Para comprender esta historia debemos situarnos en el año 1961. Los habitantes de Jánovas son “invitados” a abandonar sus casas. Alguien ha decidido que sus casas molestan. Por desgracia viven justo donde hay que construir un PANTANO. Uno de los famosos “Pantanos de Franco”. (Uno de esos pantanos que jamás han llegado a construirse pero que tanto daño han causado). Lógicamente todo el mundo se opone e intentan proteger todo lo que tienen. Uno de los testimonios nos cuenta que aquello fue como un desahucio, pero con la diferencia de que ellos pagaban.

Con el tiempo la escuela desapareció, las casas fueron cayendo a trozos y las familias acabaron abandonando Jánovas. Menos dos. Dos familias resistieron durante 20 años más.

En todos aquellos años son muchas las “trastadas” que tienen que aguantar. Cortes de luz. Explosiones sorpresa. Extorsión. Amenazas. Hasta que al final lograron convertir un pequeño pueblo de casas y felicidad en un montón de ruinas y dolor.

En esta historia “las eléctricas” encabezan el equipo de “los malos”, pero no están solas en toda esa trama, evidentemente cuentan con la ayuda y colaboración del sector político, del poder… y sí, en esta historia escuchareis nombres como el de Isabel Tocino, Álvarez-Cascos y el inconfundible Matas… un reparto de lujo ¿verdad?… Pero como el titulo de aquella película “Algunos hombres buenos” aquí nos encontramos con uno, con Juan Luis Muriel, alguien que no se dejó llevar por el poder y se encargó de que su labor fuera correcta hasta el final. Él quizás pago un alto precio por hacer las cosas bien pero se ganó el respeto y el cariño de la gente de Jánovas.

En uno de los momentos que tuvimos el lunes, con un compañero nos perdimos por las calles de Jánovas y acabamos en la iglesia del pueblo. Buscábamos el cementerio. ¿Por qué? Por Paca. Paca es el ultimo testimonio que conoceréis el domingo. Paca nos pellizco el corazón a todos. Paca volvió a nublarnos la vista. “La vida no es como la pintamos” le dice a Jordi. A ella le partieron el corazón y ahora ya esta cansada. Ella ya no quiere luchar más. Ella solo sigue esperando una cosa. Una palabra. Un gesto. Un perdón. Ella solo pide eso… un simple perdón. Que fácil es la vida a veces y que complicada la hacemos las personas ¿no os parece?

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Otro de los testimonios que conoceréis el domingo es el de Jesús Garcés. Un hombre al que a parte de arrebatarle su casa también le arrebataron parte de su infancia. Un hombre que tubo que crecer demasiado pronto. Alguien que se emociona cuando me enseña su casa. “Hoy tenemos jornada de puertas abiertas” me dice bromeando. Y me cuenta que cada tarde se la pasa colocando piedras para levantar lo que un día fue su casa.

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Ese es su sueño. El sueño de Jesús, Toni, Oscar y muchos más. Volver a Jánovas. “Yo si me tengo que morir que sea aquí”, me cuenta Jesús mientras acaricia uno de sus muros de piedra. En ese momento aparece una vecina y le pregunta por la cocina, él sonríe y le cuenta donde la va a construir. Su mujer le mira sonriente y busca en mi una mirada de complicidad. Mi sonrisa se esboza sola. Les admiro. Admiro que a día de hoy, después de tanta lucha, tanto tiempo… sigan soñando con volver a vivir en su PUEBLO, en su CASA.

Paseando por sus calles me cruce también con Ramón Lara, codirector de “Salvados”. Alguien que caminaba en silencio observando todo lo que iba sucediendo en las calles de Jánovas. Alguien que casi siempre intenta pasar desapercibido en los medios de comunicación pero que su papel es fundamental en todo esto. Él es una prueba de la grandeza técnica y humana que se esconde detrás del equipo de un programa de televisión como “Salvados” y que muchas veces no conocemos. Para ellos lo mejor de esta profesión es la libertad y nos quieren dejar claro que ellos no están aquí para arreglar el mundo, pero si para mostrar la realidad.

Ahora ya sabéis porque suena la BSO de “Cinema Paradiso” mientras escribo estas líneas. Ramón no fue el único que se cruzo en mi camino durante mi visita a Jánovas, pude conversar también con Óscar. Él forma parte de la tercera generación. Él ha crecido con la historia del pueblo de sus abuelos y sus padres. Él también sigue soñando con volver pronto a casa.

Jánovas como bien define su gente es un ejemplo de dignidad y resistencia. Un ejemplo de lucha en equipo. A día de hoy, en pleno año 2015 no existe ningún pantano. No va a construirse ningún pantano y solo existen ruinas. Ruinas que valen demasiado dinero. Les quitaron sus casas y ahora les devuelven polvo a precio de oro y con intereses.

Jánovas llego a “Salvados” por cosas del destino. Jordi se encontró con ellos y no pudo pasar de largo. Y ahora solo puedo aconsejarte que ahora tú también te pares en Jánovas. Siéntate un momento, escucha, siente y disfruta del “Salvados” que Jordi Évole y todo su equipo va a regalarte. Vale la pena.

Yo no sé cuando pero sé que algún día volveré a pisar aquellas calles que el lunes descubrí. Espero poderle tocar el timbre a Jesús para que me enseñe como ha quedado su cocina y quien sabe si tendré el placer de poder cruzar alguna palabra con Paca.

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GALERÍA FOTOGRÁFICA : MARTA JUANOLA